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Hoy me propongo

Honrar la vida en toda montaña, río o aldea, sabiendo que cada uno de mis viajes es una promesa de esperanza, aún entre el lodo y la tormenta.

Escuchar en silencio la lengua del pueblo, aprendiendo del sabio indígena, del jaguar, del abuelo que cura con plantas y memoria.

No despreciar el camino difícil, ni el hambre ni el frío. Porque el dolor del otro también será mi carga.

Llegar a mis pacientes, aunque falten pastillas o transporte, porque a veces, mi presencia puede curar más que mil recetas. Compartir el pan, el agua y la palabra, pues sanar también es acompañar.

No olvidar que un niño enfermo en la montaña vale igual que un ministro en la ciudad.

Respetar el tiempo de la naturaleza y el calendario lunar, sabiendo que la medicina no siempre lleva bata blanca.

Denunciar la injusticia, el abandono y el olvido, aún si me cuesta el puesto o la comodidad.

Cuidar de mi espíritu tanto como de mi ciencia, porque un alma cansada no cura.

Dr. Efraín Retana Álvarez.

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